Por qué prohibir la incineración de residuos
Dada la creciente generación de residuos, existe la tendencia a recurrir a la incineración como sistema de tratamiento. Se trata de una práctica altamente contaminante, ya que todas las plantas de incineración liberan deshechos al medio ambiente. La contaminación emitida por estas plantas ha sido documentada en la Argentina y en una gran cantidad de países del mundo a través de estudios químicos y epidemiológicos y registros audiovisuales. Se trata de una función indelegable del Estado impulsar políticas orientadas a la prevención de la contaminación y a la protección de la salud y el medio ambiente Contaminación ambiental El impacto de la incineración sobre los seres humanos no es sólo consecuencia de la inhalación directa de los contaminantes suspendidos en el aire. Algunos compuestos de los deshechos liberados por la incineración, como las dioxinas y los furanos, tienen alta toxicidad, permanecen en el medio ambiente sin degradarse y se concentran en los ecosistemas locales afectando al hombre y otras especies. Además, como son fácilmente transportados por el agua y el aire, contribuyen a aumentar la contaminación global y presentan un serio riesgo a la calidad de los productos agrícolas y ganaderos en zonas locales y cercanas, y son por lo tanto también una amenaza para el trabajo de los productores agrícolas y ganaderos. Por otra parte, los metales pesados que ingresan al incinerador no pueden ser destruidos por el proceso de incineración y son eliminados en forma gaseosa, o como partículas, adquiriendo algunos de ellos mayor potencial de daño ambiental y sanitario en ese estado. Tal es el caso del cromo, hierro, cinc y mercurio, etc. En cuanto a los residuos patogénicos, su eliminación es claramente un problema biológico, pero al utilizarse la incineración para tratarlos se convierte en un conjunto de problemas químicos. A su vez, la incineración nunca destruye el cien por ciento de los residuos. Control de las emisiones Realizar un control riguroso de la industria de la incineración implicaría grandes inversiones en tecnología, que en la actualidad no pueden afrontarse, y ningún laboratorio de control de emisiones atmosféricas en nuestro país está equipado para medir concentraciones de dioxinas. Esto facilita la instalación discrecional de empresas que operan hornos incineradores sin que exista control real sobre su impacto ambiental y sanitario. Antecedentes El 23 de mayo de 2001, la Argentina firmó el Convenio de Estocolmo sobre Compuestos Orgánicos Persistentes, comprometiéndose a tomar todas las medidas posibles para la reducción, y cuando sea posible la eliminación, de la generación y liberación de las doce sustancias mencionadas en el convenio, entre ellas las dibenzoparadioxinas y los dibenzofuranos policlorados. En el Plan Nacional de Aplicación del Convenio de Estocolmo presentado en abril de 2007 por la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, se indica sobre los residuos sólidos urbanos que se debería promover la prohibición de la incineración como tecnología tratamiento y disposición final de este tipo de residuos, incluyendo la utilización de éstos como insumo para la producción de energía.







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