22 de abril, Día de la Tierra. Sumar la acción a la palabra para salvar el planeta.

Fecha: 
22/04/2010  
El Día de la Tierra marca cada ańo la conmemoración del aniversario del nacimiento, en 1970, del movimiento medio ambiental tal como la conocemos hoy en día. Se trata de una actividad promovida por el senador norteamericano Gaylord Nelson, con el objetivo de crear una conciencia común frente a los problemas de contaminación, la conservación de la biodiversidad y demás temas relacionados con la protección del medio ambiente. La primera de las manifestaciones tuvo lugar el 22 de abril de 1970, y dos ańos más tarde se celebró la Primera Conferencia Internacional sobre el Medio Ambiente. Hoy celebramos el 40° aniversario de esta iniciativa, que nos convoca a pensar qué acciones podemos llevar adelante para cuidar nuestro planeta. Es importante la palabra “acción”, porque si bien muchos (ciudadanos, organizaciones, instancias gubernamentales) reflexionan sobre cómo podemos proteger el medio ambiente, ha llegado el momento en que actuar es indispensable e impostergable. También la palabra “todos” es fundamental. La generación (e inmediata aplicación) de programas oficiales para el cuidado de nuestra Tierra es una exigencia que los gobiernos y sus funcionarios no pueden soslayar. No se trata de hacer buenos “gestos” sino de proponer y aplicar permanente y progresivamente medidas que ataquen los problemas fundamentales y generen una mayor conciencia en la ciudadanía: prohibir la incineración de residuos; gestionar el reciclado y la correcta disposición final de la basura, controlar el uso del agua; monitorear y dar soluciones a los problemas de contaminación, promover el uso de las energías renovables para un futuro libre de dióxido de carbono, son algunas de las mayores responsabilidades. Pero, decir “todos” también nos implica fuertemente como habitantes de este planeta cada día. Las ONGs ambientalistas nos dicen que sumar pequeńas acciones tiene un impacto enorme para detener el desgaste. Podemos empezar hoy, tenemos que empezar hoy. Muchas medidas son difundidas y conocidas, pero vale la pena recordar algunas: ahorrar agua y energía cambiando hábitos de consumo; utilizar material reciclable en las casas y oficinas; separar la basura aunque la recolección no sea diferenciada, porque para el trabajo de los recolectores informales sirve; disminuir y si es posible eliminar el uso de bolsas plásticas; no dejar pasar y reclamar por los problemas ambientales de nuestros lugares a las autoridades. Y sobre todo, pensar que cada cosa que hacemos en este sentido marca la diferencia, porque las malas prácticas son acumulativas en la destrucción del medio ambiente, pero las buenas también lo son si las sumamos con el objetivo de frenar esa destrucción y buscar un mundo mejor para nosotros y las generaciones que vendrán. El Día de la Tierra marca cada ańo la conmemoración del aniversario del nacimiento, en 1970, del movimiento medio ambiental tal como la conocemos hoy en día. Se trata de una actividad promovida por el senador norteamericano Gaylord Nelson, con el objetivo de crear una conciencia común frente a los problemas de contaminación, la conservación de la biodiversidad y demás temas relacionados con la protección del medio ambiente. La primera de las manifestaciones tuvo lugar el 22 de abril de 1970, y dos ańos más tarde se celebró la Primera Conferencia Internacional sobre el Medio Ambiente. Hoy celebramos el 40° aniversario de esta iniciativa, que nos convoca a pensar qué acciones podemos llevar adelante para cuidar nuestro planeta. Es importante la palabra “acción”, porque si bien muchos (ciudadanos, organizaciones, instancias gubernamentales) reflexionan sobre cómo podemos proteger el medio ambiente, ha llegado el momento en que actuar es indispensable e impostergable. También la palabra “todos” es fundamental. La generación (e inmediata aplicación) de programas oficiales para el cuidado de nuestra Tierra es una exigencia que los gobiernos y sus funcionarios no pueden soslayar. No se trata de hacer buenos “gestos” sino de proponer y aplicar permanente y progresivamente medidas que ataquen los problemas fundamentales y generen una mayor conciencia en la ciudadanía: prohibir la incineración de residuos; gestionar el reciclado y la correcta disposición final de la basura, controlar el uso del agua; monitorear y dar soluciones a los problemas de contaminación, promover el uso de las energías renovables para un futuro libre de dióxido de carbono, son algunas de las mayores responsabilidades. Pero, decir “todos” también nos implica fuertemente como habitantes de este planeta cada día. Las ONGs ambientalistas nos dicen que sumar pequeńas acciones tiene un impacto enorme para detener el desgaste. Podemos empezar hoy, tenemos que empezar hoy. Muchas medidas son difundidas y conocidas, pero vale la pena recordar algunas: ahorrar agua y energía cambiando hábitos de consumo; utilizar material reciclable en las casas y oficinas; separar la basura aunque la recolección no sea diferenciada, porque para el trabajo de los recolectores informales sirve; disminuir y si es posible eliminar el uso de bolsas plásticas; no dejar pasar y reclamar por los problemas ambientales de nuestros lugares a las autoridades. Y sobre todo, pensar que cada cosa que hacemos en este sentido marca la diferencia, porque las malas prácticas son acumulativas en la destrucción del medio ambiente, pero las buenas también lo son si las sumamos con el objetivo de frenar esa destrucción y buscar un mundo mejor para nosotros y las generaciones que vendrán.

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