¿Cuánto pierde el país sin ferrocarril?
Transporte y Vialidad: Trenes
Jaime Remolins, especialista en temas ferroviarios, reflexiona acerca de cómo afecta a la calidad de vida la ausencia del ferrocarril, teniendo en cuenta cuestiones fundamentales como la contaminación ambiental y la saturación del parque automotor.
Cuando se habla de calidad de vida generalmente no se la suele relacionar con la polución (contaminación ambiental) que producen los vehículos automotores en las rutas y en las grandes concentraciones urbanas, como tampoco con los accidentes de tránsito vial. El parque automotor que circula en el país es cada vez más numeroso. Aparte de la polución que genera, y que en cierta medida carece de control, produce saturación. En los últimos tiempos ha sido muy importante la inserción del autotransporte en el esquema primitivo. Se ha producido realmente la revolución del automóvil, es decir de la motorización. Se suman a la polución las aterradoras consecuencias de los accidentes viales, constituyéndose en tema de preocupación dominante. Por otra parte es evidente que existe en las mayorías de las rutas y ciudades argentinas una crisis estructural del transporte. El tema puede instalarse acertadamente en el esquema teórico, o sea visualizarse desde su didáctica perspectiva. Los problemas de congestión vehicular e incertidumbre sobre los tiempos de viaje es una natural consecuencia. La sociedad y las autoridades tal vez no se han detenido a pensar qué nos sucederá a los argentinos con el transcurrir del tiempo sin que se haya resuelto la problemática de la circulación vehicular en las rutas y en las grandes ciudades, donde ya hoy es caótica y angustiosa la congestión. A ello se agrega la indisciplina propia de los conductores. Se maneja bien pero se conduce mal, profesionalmente o no, que se traduce en accidentes de graves consecuencias motivados por excesos de velocidad y falta de respeto a la seńalización. Es por las razones expresadas que se consideran que las autoridades deberían abocarse a otro tipo de instancias que permitieran superar en el tiempo esa situación. En el insoslayable camino en demanda de una mejor calidad de vida, surge claramente que entre las nociones de vialidad común o sistema vial, está faltando en el país el de la ferrovía, que forma parte natural del mismo. La calidad de vida encuentra entonces su motor principal en el ferrocarril, que debe quedar inserto entre otros pero también como protagonista obligado. Sus antiguas virtudes aparecen así reforzadas, sinergizadas por el avance de la técnica; más en modo alguno puede el ferrocarril permanecer ajeno a sus raíces históricas y cuanto más para lo que fue concebido por la humanidad; en tal caso el autotransporte debería ser la alternativa. No es que la Argentina carezca de ferrocarril, pero no obstante su importancia como subsistema que lo colocan a la vanguardia dentro del sistema global del transporte su participación en el mercado de fletes y pasajes está por debajo del 20 por ciento. No sólo el ferrocarril en su versión actual disminuye el riesgo de polución, congestión y ruido sino que para el futuro permite la electrificación del modo, cuando no en las grandes ciudades la inserción de los sistemas de monorriel, elevado o subterráneo, que son recursos renovables que abaratan los costos de explotación y contribuyen a mejorar notoriamente la calidad de vida de la sociedad. No se trata de preconizar las bondades del ferrocarril sino de sistematizar todas sus cualidades en cuanto a su relación con la teoría general del transporte, como pauta que inspire su inserción sostenida en el país. żCuánto pierde un país sin ferrocarril? Si se tienen en cuenta factores ecológicos y los costos sociales, no se puede negar que el ferrocarril ofrece claras ventajas. Esas ventajas deberán ser reconocidas y el ferrocarril utilizado donde sea que pueda beneficiar a la comunidad. Hasta el momento, los estudios más significativos y confiables realizados sobre los efectos externos del transporte surgen de las experiencias realizadas en la Comunidad Europea, que permiten cuantificar esos efectos en unidades medibles. La incidencia comparativa de accidentes, contaminación y ruido entre los distintos modos de transporte nos muestra que los mayores costos provienen de los accidentes carreteros. En la comunidad europea, donde se cuenta con importantes autopistas, subsisten altos índices de accidentes viales que, comparados con los que originan los ferrocarriles, continúan siendo alarmantes. Estadísticas provenientes de dicha área demuestran que en un ańo las muertes producidas por el ferrocarril fueron 600 mientras que las originadas en las carreteras alcanzaron a 57.000 y las lesiones 13.000 y 4.700.000, respectivamente. Ciento treinta millones de personas en 17 países estuvieron afectadas por las emisiones de ruidos de los sectores carreteros, ferroviario y aéreo. El 90 por ciento de ello es atribuido sólo al ruido carretero. La contaminación del aire del sector transporte es otro importante factor en los efectos externos negativos. Es la principal fuente de óxido de nitrógeno y de emisiones de compuestos orgánicos volátiles, produciendo más del 60 por ciento de las emisiones de NOx y casi 50 por ciento de VOCs. Los costos y beneficios externos que pueden ser generados por la creación, ampliación o mejoramiento de la infraestructura (ferroviaria o carretera) deberán encontrar su lugar en el análisis costo-beneficio socio-económico para permitirles a las autoridades evaluar sobre las mejores opciones de inversión. Los costos principales incurridos por los accidentes de tránsito incluyen el valor de la vida humana. El costo de la atención médica, pérdidas de producción y dańo a la propiedad. Sobre esta base en la Comunidad Europea el costo medio de accidentes asciende aproximadamente a u$s 1.250.000 por persona en tanto el de una lesión como consecuencia de un accidente es de alrededor de u$s 50.000 por cada siniestro. De acuerdo a las evaluaciones incluidas en los estudios los costos externos medioambientales y de accidentes de todos los modos de transporte sobre base 100 representan: 92 por ciento carretero, 1.7 por ciento ferroviario y 0.3 por ciento navegación. Según cifras establecidas por organizaciones especializadas en nuestro país las muertes por ańo en accidentes carreteros son el orden de los 10.000 por lo que, tomando en consideración los costos establecidos en la C.E. en la Argentina representarían unos u$s 12.500 millones. Si se toman en consideración algunas relaciones sobre utilización de medios ferroviarios y carreteros pronto se comprenderá donde está el quid de la cuestión: un tren de 700 toneladas de peso transporta 1.000 pasajeros. Para igual cantidad de personas se necesitan 18 colectivos de 56 plazas o 250 automóviles de 4 asientos. Un tren de cargas, de acuerdo a las actuales condiciones de vías en Argentina, puede arrastrar entre tara y carga unas 4.500 toneladas. Para igual tonelaje se requieren aproximadamente unos 100 camiones, que saturan las rutas y generan siniestralidad. Recientes estadísticas están dando cuenta que en un ańo en nuestro país apenas un 8 por ciento de personas viaja en avión, 3 por ciento en ferrocarril y 89 por ciento en colectivo, representando estos últimos unos 65,4 por ciento millones de pasajeros para lo cual sobre la base de 56 plazas por coche habrían estado circulando por nuestras precarias y saturadas rutas nada menos que 1.167.857 colectivos. Dado lo que les estaría costando a los argentinos las pérdidas humanas, materiales y económicas, opino que habría llegado el momento de que los gobernantes hicieran un replanteo del tema en profundidad, principalmente sobre lo que pierde el país por no tener su sistema ferroviario federal en condiciones de revertir semejante desfasaje, que atenta contra elementales reglas de convivencia, de protección a los ciudadanos y de resguardo a la economía de la República. Fuente: Diario La Capital Foto: Archivo Peńa/El Litoral







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